Cuatro adultos mayores abrieron una pequeña panadería en Vitacura en 2021. Todo bien, pero nunca les dieron la patente definitiva para funcionar. Después de años de trámites y exigencias absurdas, decidieron cerrar el negocio. Así de simple… o mejor dicho, así de enredado.
🚧 ¿Por qué no les dieron la patente?
La Dirección de Obras Municipales (DOM) les pidió:
- Certificado nuevo por un lavaplatos… que era el mismo de hace 30 años.
- Plano del lado sur de la casa… pero la casa es pareada y ese lado ¡no existe!
- Certificado por un cerco eléctrico… ¡que era del vecino!
- Permiso de obra menor… que no era necesario, y después invalidaron todos los otros permisos porque tenían fechas anteriores a ese trámite.
Les pusieron multa por no tener patente, pese a que ellos la habían pagado y la misma muni se las había quitado antes. 🤯
🔥 ¿Qué dicen los emprendedores?
Juan Pablo Swett, de la Multigremial Nacional, dijo que esto es parte de una «pesadilla de permisos» que viven muchos emprendedores en Chile. Llamó a este caso “el símbolo del abuso estatal” y anunció movilizaciones para visibilizar el problema.
🏛️ ¿Qué dijo la municipalidad?
La alcaldesa Camila Merino reconoció que hay exceso de burocracia, pero defendió a su equipo técnico. Dijo que ellos solo aplicaron la ley, que el local antes era una peluquería y que al cambiar de rubro, tenían que cumplir nuevas reglas, como accesibilidad universal.
📢 En simple:
👉 Los Tatas del Pan es un ejemplo real de cómo la burocracia y los trámites eternos pueden matar un emprendimiento, incluso uno pequeño y bien intencionado.
👉 La alcaldesa dice que “cumplieron la ley” y que podrían seguir funcionando si cumplen con más requisitos.
👉 El caso generó polémica nacional, porque no son los únicos atrapados en esta maraña de permisos que muchos consideran ridículos.
👉 El fondo del problema: en Chile, abrir un negocio chico muchas veces es más difícil que abrir un mall.

