Por qué es importante
En Chile, una de las brechas financieras más persistentes tiene relación con los seguros. La falta de educación financiera y aseguradora provoca que muchas personas y empresas contraten pólizas sin comprender realmente qué cubren, cuáles son sus límites o en qué situaciones no operan.
Este desconocimiento no solo genera confusión, sino que puede derivar en pérdidas económicas importantes, especialmente cuando ocurre un siniestro y la cobertura no responde como se esperaba.
Un problema extendido
De acuerdo con un estudio de la Asociación de Corredores de Bancaseguros (CBS) junto a Cadem, el 43% de los chilenos no sabe distinguir entre una aseguradora y un corredor de seguros. Además, seis de cada diez personas con seguros reconocen haberlos contratado sin entender completamente su cobertura, costos ni condiciones.
Esta falta de información suele traducirse en errores comunes, como no comparar alternativas, contratar coberturas estándar que no se ajustan a las necesidades reales o desconocer exclusiones clave del contrato.
Riesgos mayores para las empresas
En el caso de las empresas, los errores pueden ser aún más graves. Muchas compañías contratan seguros solo porque un cliente o mandante se los exige, sin analizar si la póliza se ajusta a su operación real.
“Muchas empresas de transporte circulan diariamente por caminos privados o faenas mineras, pero gran parte de las pólizas no cubre ese tipo de terrenos. En esos casos, un siniestro queda automáticamente excluido”, explica Lucas Behncke, placement de la corredora de seguros Viento Sur.
Otro problema frecuente es contratar seguros de responsabilidad civil con límites demasiado bajos, lo que resulta crítico para rubros con alto riesgo, como alimentos o fabricación de productos.
“Una intoxicación o un defecto de producto puede derivar en demandas millonarias. Sin una cobertura adecuada, la empresa queda completamente expuesta”, advierte el especialista.
La importancia de declarar bien la información
Antes de contratar un seguro, el primer paso es preguntarse si realmente se necesita. Si la respuesta es sí, entonces es clave revisar con atención las condiciones, exclusiones y obligaciones del contrato.
Cada seguro tiene requisitos específicos. Por ejemplo:
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Si un vehículo será usado con fines comerciales, debe declararse.
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Si será utilizado por terceros de manera particular, también.
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En seguros de transporte, muchas pólizas exigen GPS activo, cortacorriente u otras medidas de seguridad.
“Son detalles que parecen menores, pero una inconsistencia puede llevar al rechazo de un siniestro”, señala Behncke.
Por qué existe la percepción de que “los seguros no pagan”
Según el especialista, gran parte de la mala reputación de los seguros se origina en la desinformación, especialmente en pólizas contratadas de forma obligatoria, como las asociadas a créditos hipotecarios o vehículos.
Esto ha llevado a que muchas personas prefieran apoyarse en corredoras de seguros, que cumplen un rol de acompañamiento desde la contratación hasta la gestión del siniestro.
“El objetivo es que el cliente se preocupe de su negocio o de su vida diaria, mientras la corredora se encarga de todo lo relacionado con sus seguros”, explica.
Educación financiera: una deuda pendiente
Para Behncke, la falta de educación financiera es un problema transversal. En colegios y universidades este contenido sigue siendo limitado, y si manejar las finanzas personales ya es complejo, entender un seguro lo es aún más.
“Las pólizas suelen tener lenguaje técnico, letras pequeñas y formatos poco amigables. Eso hace que muchas personas no las lean y refuerza la idea de que los seguros no funcionan”, concluye.
En buen chileno: los seguros no son caros ni inútiles por definición, pero sí requieren información clara y asesoría adecuada. Entender qué se contrata puede marcar la diferencia entre una protección real y un problema mayor.

